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EL EXTERMINIO DE LA HUMANIDAD

Escrito por el 30 de agosto de 2020

Hemos llegado al último capítulo de la 4ª Temporada de Tomate & Pirulo en Alouatta Radio. Para nuestra séptima y última entrada tenemos a The Pirulator, una adaptación del clásico de ciencia ficción The Terminator. 

El Exterminador es una película estadunidense de 1984, dirigida por el aclamado James Cameron. El film se convirtió en un éxito de taquilla por su guion apocalíptico y la estética de sus efectos especiales, lográndose hacer un cupo directo en la cultura pop y en el universo cinematográfico de los millennials. 

La sinopsis de Terminator plantea que, en 2029, la Tierra será devastada y la humanidad será esclavizada por máquinas, que son gobernadas por una inteligencia artificial, librándose una confrontación bélica entre los autómatas y los vestigios de la resistencia humana en un holocausto mundial. Coincidentemente este argumento es aterradoramente similar a las declaraciones realizadas recientemente por la Organización de las Naciones Unidas –ONU- sobre el cambio climático. 

En 2018, el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático de la ONU (IPCC)  advirtió que en 2030 el planeta alcanzará niveles desastrosos de calentamiento global, lo que precipitará el riesgo de una sequía extrema, incendios forestales, inundaciones y escasez de alimentos  para cientos de millones de personas. En marzo de 2019, en el marco de la IV Asamblea de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, celebrada en Nairobi, Kenia, se presentó el informe Perspectivas del Medio Ambiente Mundial, un estudio elaborado por 250 personas científicas y especialistas en distintas áreas, provenientes de 70 países,  que concluyeron que en 2050 la Tierra se convertirá en un espacio inhabitable, por el aumento de la temperatura del planeta, la  mala calidad del aire, el derretimiento de la capa de hielo del Ártico y la expansión de los desiertos. En general, todos los portavoces de Naciones Unidas coinciden en que el cambio climático es una realidad, y que está teniendo mayores impactos sobre quienes viven en la pobreza, además de que amenaza a la democracia y los mismos derechos humanos.    

Las voces de alarma sobre el cambio climático no son nuevas, tampoco exclusivas de la ONU, pero parece que nos estamos haciendo los-as pendejos para escucharlas. Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía, se refirió al cambio climático como el advenimiento de la Tercera Guerra Mundial. El Papa Francisco declaró una “emergencia climática” y advirtió que si no se toman medidas urgentes habrá “un acto brutal de injusticia hacia los pobres y las generaciones futuras”. Leonardo DiCaprio, actor galardonado con el Óscar, protagoniza un documental sobre el cambio climático como una amenaza no ficticia; Y hasta la misma Lisa Simpson tiene claridad que el Armagedón en las sagradas escrituras se refiere al calentamiento global. 

Para que tengamos más luces de lo que estamos hablando, entre 2030 y 2050 se estima que entre 100 a 400 millones de personas más estarán en riesgo de pasar hambre y entre 1.000 a 2.000 millones ya no tendrán suficiente agua, lo que desencadenará el incremento en 250.000 muertes anuales por desnutrición, malaria, diarrea y estrés por el calor. 

Ahora, si usted es como Santo Tomás, que tiene que ver para creer, le informamos que desde el año 2000, las personas en los países pobres, como Colombia, han muerto a causa de desastres a una tasa siete veces mayor que en los países ricos; en 2017, 18.8 millones de personas fueron desplazadas debido a desastres en 135 países, casi el doble del número de desplazados por el conflicto armado en todo el mundo; en 2019, el Caribe colombiano ha registrado temperaturas con sensación térmica superior a los 50°C; y el cambio climático empujará a 100 millones de personas a la pobreza a cierre de este año. 

El cambio climático no es obra del diablo, así como las llamas del infierno no nos esperarán después de la muerte, porque literalmente nos estamos quemando vivos. Aunque todos (as) somos responsables del calentamiento global, existen unos niveles de responsabilidad que debemos saber, para lograr comprender que estamos a puertas de un apartheid climático.  

Los pobres, es decir, todas las personas que viven en África subsahariana, el sur de Asia y América Latina, son los que llevan del bulto con el cambio climático pese a ser los que menos contribuyen a él. La mitad más pobre de la población mundial, 3.500 millones de personas, es responsable de solo el 10% de las emisiones de carbono, mientras que el 10% más rico es responsable de la mitad completa. Así, una persona en el 1% más rico usa 175 veces más carbono que una persona en el 10% más pobre. 

Perversamente, los más ricos, que tienen la mayor capacidad de adaptación y son responsables de la gran mayoría de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) y se han beneficiado de ellos, son los mejor situados para hacer frente al cambio climático, mientras que los más pobres que son los que menos han contribuido a las emisiones y tienen la menor capacidad de reacción, son los más perjudicados y serán los primeros en ser exterminados de la faz de la Tierra.       

En este punto, haremos una pausa para anticipar los comentarios de tipo “la pobreza es un estado mental”, “yo no soy pobre porque tengo mi afiliación al Club de PriceSmart” o cualquier otro tipo de frase espanta-jopo y llena de factedad. Estimado lector-a, si su familia no aparece renqueada en la lista de Forbes y residen en alguno de los países de las regiones enunciadas anteriormente, le notificamos que usted está profundamente jodido-a  por el cambio climático y en menos de tres décadas tiene una altísima probabilidad de que sea una persona muerta de hambre.  

Para completar el panorama, los discursos sombríos de los funcionarios-as de los gobiernos en conferencias regulares no conducen a acciones importantes. Incluso hoy en día, demasiados países están tomando medidas estúpidas respecto al cambio climático, solo es cuestión de contemplar el propio ejemplo de Colombia. 

El actual gobierno nacional colombiano usa el eufemismo de “fracking responsable” para disfrazar la contaminación del agua, mientras que en el estado de Nueva York está técnica nefasta está prohibida por ley; las castas políticas de Antioquia justifican la matanza de especies endémicas y la aniquilación de comunidades ancestrales para la construcción de una putrefacta y corrupta hidroeléctrica, mientras que Francia desmantela las más grandes presas de Europa para devolverle a los ríos su vitalidad y diversidad;  el Plan Nacional de Desarrollo (PND) incluyó, sobre la cabeza de cualquiera, la construcción del Puerto de Tribugará en el Chocó, con la inminente destrucción de la mitad del manglar con el que cuenta esta zona del Pacífico, mientras que Australia creó el Programa Nacional de Conservación de la Biodiversidad, obligando a propietarios privados a incluir sus predios en la creación de reservas naturales para la conservación de especies y la protección de  manglares.   

A la luz de la parálisis de los Estados durante décadas, algunas personas ingenuas miran con esperanza al sector privado en busca de innovaciones empresariales, como por ejemplo, las mágicas y publicitadas botellas con menos plástico para que el incauto usuario las pueda reciclar. Pero  este tipo de invenciones no son más que parte de una estrategia para  trasladar la responsabilidad de la gestión ambiental de la empresa a la sociedad, con el descaro de culpar y tildar de “puercos” a quiénes se nieguen a hacerles el trabajo que a ellas les corresponden. 

La historia ha demostrado con creces que las grandes multinacionales, especialmente la industria de los combustibles fósiles, hacen todo lo posible, incluyendo violaciones masivas de los derechos humanos, para que los ricos sean atendidos adecuadamente, mientras los pobres son marginados y aniquilados. Está comprobado que la privatización de los servicios básicos y la protección social es una forma de mala adaptación del cambio climático.         

Finalmente, sino ha entendido o no ha querido comprender cuál es la cuestión de fondo, en Tomate & Pirulo estamos para ayudar: A partir del año 2030 la Tierra será devastada y la humanidad será esclavizada por multinacionales, que son gobernadas por una inteligencia elite-financiera-capitalista, librándose una confrontación bélica entre las fuerzas militares dominantes y los vestigios de la resistencia de los más pobres en un holocausto mundial.

¿Qué podemos hacer desde la ciudadanía y la sociedad civil organizada para evitar el exterminio de la humanidad? Escríbannos sus comentarios a tomateypirulo@gmail.com

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