Canción actual

Título

Artista

Background

POR DEBAJO DE CUERDA DEL CÓDIGO DE POLICÍA

Escrito por el 29 de agosto de 2020

Los Dioses Deben Estar Locos (The Gods Must Be Crazy), es una comedia cinematográfica escrita y dirigida por Jaime Uys en 1980. Filmada con bajo presupuesto y enteramente en Botsuana, la película recaudó alrededor de $100 millones de dólares en todo el mundo, pero su actor principal, el africano N!xau, no alcanzó a ganar ni 2.000 dólares por su actuación protagónica. 

En esta nueva entrega de la cuarta temporada de Tomate & Pirulo en Alouatta Radio, nos inspiramos en la esencia de la historia narrada por Jaime Uys, quien ridiculizó nuestra sociedad y la forma cómo nos apechugamos a un sinfín de normas y regulaciones, que en muchos casos rayan en lo absurdo.   

El 29 de julio de 2016, se expidió en Colombia el Código Nacional de Policía, con el propósito de establecer las condiciones para la convivencia y la seguridad en el territorio nacional. Pero después de más de dos años de su implementación, esta Ley parece haber generado mayores incertidumbres y confrontaciones entre las y los colombianos, al tiempo que olvidó su carácter preventivo, y se percibe en el imaginario colectivo como una mordaza restrictiva y punitiva.

Desde su concepción, el Código de Policía levantó muchas voces opositoras en la sociedad civil organizada, principalmente por los riesgos de posibles arbitrariedades y abusos que podían ocurrir en su implementación, dada la total y absoluta discreción, interpretación y aplicación por parte de las autoridades policivas. Otra de las grandes críticas de la ciudadanía fue la elaboración del proyecto de ley sin tener en cuenta las perspectivas, cosmovisiones y realidades de las regiones, especialmente de las zonas de tradición rural, campesina, y cohabitadas por grupos poblacionales diferenciales. Ninguna de estas observaciones fue validada –legitimada- y como resultado se obtuvo una norma con una visión centralista, citadina y clasista, aprobada a pupitrazo por el Congreso de la República. 

La Ley 1801 se aprobó con 243 artículos en 120 páginas, lo que se traducía en mucha información para procesar por el ciudadano (a) común, y en un gran reto pedagógico para el Gobierno Nacional y las autoridades competentes. Para muchos adeptos del Código, se  contó con un considerable período pedagógico, cuando se impartían comparendos, pero no multas monetarias. Lo que no comprendieron es que una verdadera acción pedagógica es una estrategia seria e integral para dar a conocer a toda la ciudadanía el contenido de la norma, los motivos, efectos y objetivos de sus disposiciones, y las situaciones específicas a las cuales se aplica (procedimientos).  

Los hechos televisivos de sanciones impuestas bajo el Código de Policía han resultado tan escandalosos e inverosímiles, porque el ciudadano (a)  no puede establecer si su acto es legal o ilegal, lícito o ilícito, permitido o prohibido, generando una gran incertidumbre en la población y una consecuente devastación colectiva a nivel reputacional de la Ley.  La cuestión es simple, pero sus implicaciones complejas, una persona no puede comportarse de conformidad con una norma que no comprende o que no puede interpretar correctamente.

Según datos de la Dirección de Seguridad Ciudadana de la Policía Nacional y de la Fundación Ideas para la Paz (FIP), desde la implementación del Código se han aplicado más de 3 millones de medidas correctivas, donde casi la mitad son multas económicas; por otro lado, a la fecha, la Corte Constitucional ha recibido 153 demandas en contra de los apartados de esta norma. El alto tribunal ha emitido más de 20 fallos, principalmente tratando asuntos como las movilizaciones y las órdenes de policía, y recientemente sobre el levantamiento de la prohibición del consumo de sustancias en espacio público. Frente a esto, entonces, vale la pena cuestionarse: ¿El problema en la aplicación del Código de Policía ha sido de carácter pedagógico o hay mucho más por debajo de cuerda?  

Los datos son certeros en establecer que la mayor parte de las sanciones impuestas por la Policía Nacional son de carácter económico. Pero las cifras también han demostrado, con creces, que imponer medidas correctivas a problemas de convivencia no impacta la reducción de delitos que afectan la vida e integridad de las personas. En otras palabras, más sanciones no se traducen en menos delitos. Esta realidad ha desmoronado el argumento de “zanahoria y garrote” que con tanto ahínco defendieron voces como la de Rafael Guarín en la revista Semana. Entonces, la siguiente pregunta válida es: ¿En realidad el Código está coadyuvando a la transformación cultural positiva de los (as) colombianos? 

Aunque no es posible saber si la implementación del Código ha aumentado la corrupción o el abuso policial, porque no hay acceso a datos que permitan analizar las quejas o denuncias contras las autoridades responsables de ejecutar la Ley, sí existe una percepción en los (as) transeúntes, en adolescentes y jóvenes, en los pequeños comerciantes y vendedores (as) estacionarios, en considerar a ciertos policías como amenazas, agresores o victimarios. 

Los mecanismos diseñados para controlar y conocer el comportamiento policial en la aplicación de la norma no han sido implementados en su totalidad, el sistema único para mejorar y prevenir los abusos en la actividad policial no existe, y los comités civiles de convivencia no siempre tramitan las denuncias de los (as) ciudadanos por abuso en la implementación de la Ley. Este panorama puede generar muchas suspicacias respecto a la estructura de la institucionalidad en el ámbito de la seguridad ciudadana, pero la inquietud de fondo que nos embarga es: ¿Efectivamente el Código ha servido para aumentar la seguridad en los territorios y la confianza en las autoridades?   

Una norma cuestionada por su aplicación coercitiva, que no está cumpliendo a cabalidad con el propósito superior para la cual fue creada, debería ser sujeta a un debate público donde se desnuden cuáles son sus verdaderos intereses e intenciones. Tal vez sea necesario, como en el caso de Xi, en la película, deshacerse de “la cosa maligna”. 

¿Qué crees que hay por debajo de cuerda del Código de Policía? Escríbannos sus comentarios a tomateypirulo@gmail.com  


Opiniones

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.Los campos obligatorios están marcados con *



Continuar leyendo